martes, 19 de abril de 2011

Sursum Corda

“Los Buscadores de la Verdad,
dándose cuenta de que era imposible encontrarla,
se convirtieron en Buscadores de la Mentira.
A medida que la descubrían y la eliminaban,
se iban esfumando.
Al desaparecer ellos, brilló la verdad”
(A.  Jodorowsky, Cuentos mágicos)

 Amor, que de un corazón gentil presto se adueña.
Amor, que amar a amado alguno no perdona,
me prendó del placer de este tan fuertemente
que, como ves, no me abandona.
(Durante Alighieri, Infierno, vv. 103-105)


Para la Tradición Judía, la fiesta de la Pascua representa la conmemoración un acontecimiento liberador, testimonio de un deseo –todavía vigente- de esperanza y anticipo de una Liberación que todos los seres humanos anhelamos definitiva. La vía iniciática puede ser dibujada como una senda ascendente guiada por un anhelo, un camino de peregrinación hacia lo más Alto, cumbre en la que se espera alcanzar también una Liberación, a través del establecimiento de una Comunión real con el Dios Vivo. Una meta así, ¿puede llegar a estar a nuestro  alcance? ¡Pues claro que no!
Ícaros de las postrimerías, –sin ser del todo conscientes- al Dédalo de la ciencia y la tecnología reclamamos unas “alas mágicas” con las que emprender el vuelo definitivo hacia el Olimpo, aquel que nos permita elevarnos -de una vez por todas- a las satvicas alturas del Ser, para conseguir llegar a ser plenamente independientes, totalmente libres, alcanzando así la misma cualidad divina.
Sin embargo, la persuasiva fuerza de gravedad tamásica se muestra en muchas ocasiones brutalmente poderosa y contrarresta el impulso de nuestro anhelo de elevación con eficacia, apegándonos a lo material.


Nuestra condición humana nos sitúa punto de intersección entre dos campos de fuerza. Ante todo, está la fuerza que nos atrae hacia abajo – hacía el egoísmo, hacia la mentira y hacia el mal; la gravedad que nos abaja y nos aleja de las posibilidades de Liberación. Por otro lado, está la fuerza de la llamada a regresar al Amor, aquel a través del que amamos cuando somos amados.
Mache dich, mein Herze, rein,
Ich will Jesum selbst begraben.
Denn er soll nunmehr in mir
Für und für
Seine süße Ruhe haben.
Welt, geh aus, laß Jesum ein!
(J.S. Bach, Pasión S. Mateo)
Re-cordar la Pascua, el paso liberador, volver a ponerla en nuestro corazón. La Tradición primordial atribuye importantes funciones a la víscera cardiaca, nudo y centro sanguíneo en el que –de un modo misterioso- confluyen el intelecto, la voluntad y los afectos, lo corpóreo y lo espiritual, propiciando la amorosa experiencia de sentir la presencia de lo divino en nosotros, verdadera fusión alquímica que crea la aleación entre lo inmanente y lo trascendente, y una belleza que -al no dejar rastros- de un modo irremediable nos transforma. Hay quien sabe, por haber encontrado su corazón, que Amar a Dios es conocerLe.
Sursum corda: nuestro corazón debe “ser elevado”. Tarea fuera del alcance de nuestra condición cautiva, prisioneros del devenir, sumidos como estamos en la extrema bajeza de la existencia humana. Sin duda, una mirada limpia (“Bienaventurados los limpios de corazón…”) que sea capaz de atravesar la actual coraza de soberbia nuestra especie, habrá de descubrirnos demasiado débiles como para elevar nuestro corazón a semejantes alturas. De hecho, la misma arrogancia de querer hacerlo solos nos incapacita a tal fin.
¿Cómo encontrar los medios para realizar una tarea imposible? ¿Qué sentido tiene tratar de intentar cualquier clase de esfuerzo que busque transmutar el plomo que nos abaja en un “azufre rojo”, capaz de elevarnos a las alturas de nuestro verdadero ser?


Para el que ha sido interpelado por su Amor, no parece una obsesión tan enfermiza y sensiblera la de lograr arrepentirse y anhelar tener la oportunidad de presentarse de nuevo con unas manos inocentes, estrenar un corazón remendado que se aún sueña puro y conseguir rechazar para siempre la mentira que somos, en pos de una Verdad más grande, con tal de llegar a contemplar Su rostro, dejando que el Amado nos bese “con los besos de Su boca” (Cantar de los Cantares 1, 2).
Anhelo eficaz, únicamente, en la medida que reconozcamos con humildad que ha de ser el Amado quién, cual sutil GPS, nos indique el camino más adecuado, quien nos brinde las fuerzas para perseverar en la ruta, quien nos eleve a los umbrales de sus aposentos y, si es su deseo, nos abra finalmente la puerta de la alcoba. Como mucho, nos cabe la apuesta de confiarnos a la verdad de su Amor. Que no es poco.

La conmemoración de la Pascua judía y cristiana, es un buen momento para recordarlo. “Ecce Deus fortior me, veniens dominabitur mihi”. Aviso para navegantes: La Liberación de la esclavitud no es un juego. Una vez dentro, atravesado el Mar Rojo, tu corazón será puesto a prueba, y existe la posibilidad de que lo pierdas todo. “Dio mio, Dio mio, perche mi ai abandonatto”.

Sólo ahora al fin entiendo, embriagado por el mosto de la granada, que los que aparentaban ser mi deseo y mi querer de entonces, en realidad, eran movidos por aquel que mueve el sol y las estrellas:

La gloria de aquel que todo mueve
penetra por todo universo, y resplandece
en unas partes más y en otras menos.
En el cielo que más de su luz prende
fui yo, y vi cosas que redecir
no sabe ni puede el que de allí desciende;
porque acercándose a su deseo,
nuestro intelecto se ahonda tanto,
que tras él la memoria ir no puede.
(Durante Alighieri, Paraíso I)

No puede. No puede.



domingo, 17 de abril de 2011

Completas

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido
una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído
para que escuche, como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído;
y yo no me he echado atrás ni me he rebelado.
(Isaías 50, 4-5)

"Más allá de la esfera que más veloz gira,
 pasa el suspiro que de mi corazón sale:
 inteligencia nueva,
que Amor llorando infunde en el corazón,
 y hacia arriba lo tira".
(Durante, Vita Nuova)

Lo oculto (la latencia) es el presente demostrable del futuro.
La transparencia (lo diáfano)
es la forma fenoménica (epifanía) de lo espiritual.
(Jean Gebser, Origen y Presente)



Imploro el cálido abrazo de Mnemósine, en esta hora tan dulce en la que el resplandor del día abandona y se retira, dejando paso a la caricia de la noche: ”Te luces ante terminum”. Hora en la que los amigos amados ya se han ido y regresando la nostalgia al corazón de aquel que busca, lo derrite. El alma enamorada se acongoja al escuchar en la distancia el tañer de la campana vespertina, llorando por otro día que  -cumpliendo su destino- muere: “l'ora che volge il disio ai navicanti e 'ntenerisce il core” (Purgatorio XVIII, 1-6).
Recordar una vez más el rostro bien amado de Beatrice Portinari, descendiendo de las nubes, tratando de digerir –sin llegar aún a conseguirlo del todo- que yo también me había cansado en vano y había gastado mis fuerzas para nada. Asumir que es necesario mirar hacia delante, ahora que ya no queda nada  a lo que volver.
¿Qué hacer ahora con los dones recibidos?  ¿De dónde sacar las fuerzas, para mantenernos fieles a la misión recibida, para sostener con firmeza aquel juramento que hicimos de servir Su Voluntad con una entrega radical y amorosa, ahora que las cosas se ponen cuesta arriba? ¿Cómo no desmoronarse ante el celo de las cuchilladas del arrepentimiento, aliviar el profundo sufrimiento de descubrirse en la prueba abandonado y solo? ¿Cómo es posible encontrar un modo de remontar este voraz sentimiento de fracaso, y poder seguir llevando Palabra de aliento al abatido,  cuando soy ahora yo quien, fatigado del camino, se encuentra indeciso y desanimado?
Si viene, conviene. No hay razón alguna para rebelarse y echarse atrás. No fuimos iniciados para dar satisfacción a nuestro gusto ni para que se cumplieran ninguno de nuestros deseos. No permanecemos en esta Vía para escuchar el permanente cacareo egoico de nuestra voz, sino para servir, haciendo nuestra, la Voluntad de la Suya. Por Él, con Él y en Él depositamos aún nuestra maltrecha confianza.
En aquel sueño, alegre me parecía Amor, teniendo
                mi corazón en la mano, y en sus brazos una
                dama, envuelta en un lienzo, dormida;
                Después la despertaba, y de este corazón ardiendo
                ella espantada humildemente comía,
                y después irse la ví llorando. (Durante, Vita Nuova, III)
Sin darnos cuenta, tras la Epifanía, se tejió y destejió el tapiz que habría de marcar -para el dañado navío- el compromiso con un nuevo rumbo, que por forzoso no habría de resultar menos extraño. La Candelaria saludó generosa nuestro corazón, recién remendado, que aún creía seguir yendo en pos de Ítaca. La sonrisa amable y seductora del Carnaval que animó nuestra convalecencia, trocose en mueca y sutil espejismo, cuando la Cuaresma reveló el verdadero rostro desconocido, que aguardaba oculto tras la máscara: “La letizia si convertia in amarissimo pianto. Domingo de Ramos: cúmplase la Pasión.
                          Ahora estás en paz, corazón mío.
                       Ahora estás en paz.
                       Míralo así, corazón mío:
                       Vide, Cor Meum”.





viernes, 15 de abril de 2011

¡Comenzó la Vida Nueva!

“Tutti i miei pensier parlan d’Amore”
Durante Alighieri, Vita Nuova




La constatación de que la práctica espiritual (y la variedad de técnicas a ella asociadas) haya sido utilizada, desde los orígenes de la civilización y por los distintos grupos de poder, como una herramienta privilegiada de manipulación social e individual, cuyo “uso perverso” se cristaliza, adoptando la forma de religión institucionalizada (reforzadora de un establishment piramidal) en los distintos contextos geográficos y culturales, no justifica en modo alguno su absoluto rechazo, dado que caben en ella algunos usos más loables, como el de proporcionar a todos aquellos individuos psicológicamente “sanos” la experiencia de conexión con un Principio trascendente. Cuando es puntual, dicha experiencia resulta sumamente perturbadora, llegando a cuestionar aquella realidad-túnel (todas aquellas ideas y creencias que dan forma a nuestra particular visión del mundo) en la que el individuo había organizado los hitos más significativos, acumulados a lo largo de su periplo vital. Cuando dicha experiencia se consolida y se integra en el individuo de forma estable, puede decirse que éste (en él se) ha re-estructurado el modelo previo de realidad construida (o realidad-tunel), habiendo adquirido de forma gradual, distintos niveles de consciencia “expandida”, esto es, cuantitativa (más) y cualitativamente diferentes (trans-formadora, an-egoica…) de aquel del “estado ordinario” del que previamente partió.

La constatación de que la práctica terapéutica y socio-educativa, haya servido para crear sujetos dóciles y alienados, esto es, que compartan modelos de realidad que los hagan comportarse de manera previsible y acorde a los intereses de quienes ejercen el poder, no justifica en modo alguno su absoluto rechazo, ya que caben en ellas un empleo algo menos manipulativo, como el de favorecer el desarrollo integral de aquellas capacidades que mejor contribuyen a la creación de personas autónomas, capaces de pensar y actuar sin miedo, con libertad y responsabilidad, haciendo posible la convivencia sostenible entre los miembros de la especie y en equilibrio con el resto del ecosistema: individuos psicológicamente sanos.

Nadie debiera embarcarse en el desarrollo experiencial de una práctica espiritual, del tipo que sea, sin antes haber confrontado el “correcto estado” de su salud mental, esto es, tras haber resuelto (trabajado en sí) las distintas y complejas formas de neurosis que adopta el miedo en la sociedad actual. Cuántos problemas se evitarían, si ámbitos como el psicológico y el espiritual no estuviesen (¿intencionadamente?) confundidos.

Resulta imposible “entrar”, adentrarse verdaderamente en el ámbito de lo espiritual sin haber resuelto antes todas nuestras carencias emocionales. Cualquier ilusión de progreso espiritual realizado a instancias de un psiquismo enfermo (carencial) no tiene sino un valor compensatorio, propio de las distintas variantes que en el mundo no fueron, ni son y ni serán otra cosa que una forma, más o menos intelectualizada o agiornizada al taller new-age de moda, de masturbación mental. No hay psiquismo más alienado que aquel que compensa sus carencias sintiéndose “liberado” o “realizado”.



Esta “confusión” entre lo psíquico y lo espiritual, tan fácilmente realizable en el ámbito de lo etéreo, es la herramienta favorita de todo “INteresado/a Farsante Aparentando-ser Maestro/a Espiritual” (en adelante INFAME), que sin embargo –hay que reconocerlo- son unos verdaderos y consumados “Expertos” en el finísimo Arte del lavado de cerebros, el control mental y la manipulación sectaria (perversa) del anhelo espiritual de los abundantes ingenuos e incautos, incapaces de atisbar un anzuelo en el que las promesas de cielo acaban convertidas en el peor de los infiernos. Una de las formas más sofisticadas de la vocación de INFAME es aquella que se disfraza de “escepticismo radical”, tratando de instaurar en las mentes de sus devotos discípulos la creencia (nacida más de un pertinaz desembocar en las ciénagas del desengaño que del verdadero conocimiento) de que no existe nada que pueda ser llamado “desarrollo o crecimiento espiritual”, acompasado por el seductor (que no falso) sonido de los tambores del “pensamiento crítico” y entonando compulsivamente el mantra “ciencia ciencia ciencia, objetividad objetividad objetividad).

¿De verdad, alguien piensa todavía que la razón no puede llegar ser utilizada para manipular a las masas y “esconder” la verdad con fines particulares, persiguiendo desde los intereses más espurios a aquellos oscuros y perversos? ¿Acaso no se ha estado haciendo esto desde los albores de la humanidad? La eficacia de todo buen manipulador suele ir aparejada de un elevado nivel de capacidad racional y de una nada desdeñable destreza para “confundir” y “desvirtuar” los conceptos, pervertir el lenguaje y prostituir la poderosa magia de las palabras.

¿O acaso no es magia eso de conseguir identificar y confundir en el psiquismo colectivo términos tales como “conocimiento” con “información”, “iniciático” con “exótico”, “tantra” con “coito”, “espiritualidad” con “irracionalidad”, “tradición” con “revivalismo reaccionario” o, por no aburrir con más ejemplos, “laicidad” con “profanación”.


Peor suerte cabe a aquellos que en su día buscadores sinceros que, habiendo alcanzado niveles de desarrollo espiritual suficientes para ser reconocidos como maestros en la vía, se quedan atascados y acaban perdiendo su conexión con el guía interior (en adelante BLUF), deambulando hasta el fin de sus días por los límites de un Templo que ya no significa nada. Los BLUF, atrapados para siempre en el infierno de lo psíquico, pierden su habilidad para adentrarse en el ámbito de lo espiritual, retorciendo su inflado Ego hasta la extenuación, incapaces de evitar que la arrogancia y soberbia a que hacen gala por la vana acumulación de saberes, devore las partes más puras de lo que un día estuvieron llamados a ser.

Maestros del sarcasmo, la sombra de los BLUF se manifiesta como su aspecto psicológico más descontrolado, llenos de ira, desespero, apego al pasado. Acuciados por un intenso dolor y por un miedo angustioso que no se desvanece, focalizan su esfuerzo en la adquisición de poderes psíquicos que garantice mayores y mayores cuotas de poder. Poder que los BLUF no tienen, sino que más bien les ciega y les tiene ellos, y no les evita que, atrapados en el tortuoso y deslumbrante laberinto del éxito –iniciático o profano-, acaben consumidos por su propio Ego, perdiendo la última batalla para lograr su Liberación o Iluminación.

Una particular variante de los BLUF son los “pavos reales”, apelativo que se aplica a aquellos iniciados que han permitido que el Ego le consuma desde el principio del camino, sin lograr ningún avance real dentro de su sendero iniciático, no haber llegado a abandonar el territorio profano, cree a pies juntillas en la voz de su Ego y, llenos de un orgullo que les domina consideran que, toda vez que “ya han llegado a Keter”, su conciencia ha despertado y –al fin- se han liberado. Al “pavo real” le encontramos enfermo crónico de “magucitis”, parloteando sobre un sinfín de técnicas mágicas y habilidades que dice poseer, pero que nunca demuestra, debido a que sencillamente no las ha desarrollado. Aún así, asegura que las posee pero afirma que no las pone en circulación uno porque “una entidad superior” se lo ha prohibido o bajo cualquier otras absurda excusa.
También podemos toparnos con algún “arconte”, forma de BLUF que se haya un poco más avanzado que el “pavo real”. El “arconte” ha desarrollado algunas habilidades reales, frecuentemente relacionadas con los ámbitos del poder, la manipulación social o la extorsión mágica. Disfrazado entre los demás iniciados con el disfraz de “protector”, se trata en realidad de un “obstructor”, que no permite que otros árboles de prometedor desarrollo crezcan a su sombra. Invadido por la envidia y la soberbia, trata de impedir el crecimiento de otros, pues no logran tolerar que los aprendices les superen, para lo que se emplearán a fondo utilizando todo tipo de artimañas y ardides, todo tipo de calumnias o mentiras con tal de destruir su proceso y proteger su ilusorio logro.

Como el “perro del hortelano”, oculta a los demás las posibilidades de adquirir un conocimiento real, pues no desea que nadie avance más que el. Conforme con las “migajas” de la vía iniciática, llega un punto en la carrera del Arconte en que este no avanza más, pues cree que este trofeo le será suficiente para aguantar y sobrevivir.
Con el tiempo, el “arconte” es invadido por la pereza y deja su camino a medias. Muchos “arcontes” presentan también cierto grado de paranoia mágica, pero no en un sentido de ataques mágicos o algo similar, sino más bien enfocados en creer que el resto del mundo desea quitarles ”su tesoro” de logros con tanto esfuerzo obtenidos.

El más avanzado y valedero de los BLUF recibe el apodo de “dragón negro”. Aquel que un día fuera iniciado equilibrado y en alianza con su divinidad interna, fue incapaz de atravesar el abismo, paso obligado para los que aspiran a ser verdaderos iniciados. Al contrario de los demás BLUF, el “dragón negro” no se conforma con migajas ni se afana en la tarea de obstaculizar el camino de otros. Su objetivo prioritario es arrimarse a cualquier fuente de poder que pueda considerar importante, sea política, social o mágica y, sin perder el tiempo en intrigas sociales o alardeando, tratará de hacerse con la misma. Implacables con aquellos que se interpongan entre ellos y sus objetivos, los “dragones negros” no dudarán en desembarazarse de cuantos hermanos consideren un obstáculo, buscando la forma de eliminarles o sacarles inmediatamente fuera del camino.
La mayor parte de los BLUF presenta fuertes y frecuentes desbalances psicofísicos, una sintomatología típicamente esquizoide que adopta la forma de delirio de persecución, crisis de angustia, descontroladas reacciones de miedo extremo, ataque irracionales de ira. Una vez que la sombra toma el control de un BLUF, sólo el auxilio providencial del guía interior, o la oportunidad de una nueva vida, otorgará la proeza de lograr salir del abismo. Nadie dijo que la vía iniciática no fuera arriesgada.

Falsos maestros. Maestros malogrados, ya se trate de “pavos reales”, “arcontes” o “dragones negros”. En la búsqueda iniciática será inevitable coincidir con todo tipo de BLUF’s e INFAME’s. La permanente constatación de no haber encontrado, a lo largo de nuestra vida,  sino alijos –más o menos elaborados- de “oro falsificado” no debe llevarnos a colegir la inexistencia del “oro verdadero”, tan difícil de encontrar por tratarse de un bien tan codiciado como escaso. Pero ¿quién posee la llave que la “verdadera Verdad”? A fuer de no engañarnos, una vez más, habremos de reconocer que –en realidad- nadie. Pero esa constatación no debe desanimarnos.

Todas aquellas comunidades iniciáticas tradicionales, o lo que es lo mismo, serias, que hayan logrado evitar la inercia de convertirse en estructuras rígidas y totalitarias a que están abocadas todas las formas de organización humana, disponen del “entramado técnico” necesario y serán capaces de proporcionar el contexto apropiado para enriquecer la vida interior del buscador o buscadora sinceros, y de satisfacer, al mismo tiempo, su aspiración universal a lo Absoluto. Quien se acerque a ellas y realice una ejercitación perseverante, llegará a asumir un estilo de vida interior en el que se hayan implicados ciertos rituales y técnicas psicofísicas, individuales en unos casos, colectivas en otros, para que cuerpo y alma encarnen las verdades espirituales. Este objetivo no implica, en modo alguno, renunciar a las actividades propias de la vida exterior. El desapego interior, tal y como recoge el lema cisterciense “Ora et Labora”, puede combinarse a las mil maravillas con una intensa actividad mundana.

Podemos estar seguros de que estamos en una vía iniciática confiable siempre que su incursión en ella resulte tan “liberador”que tengamos la impresión de comenzar una vida nueva, esto es, nos permita llevar las riendas de nuestro mundo, en armonía y para el bien de todos. Que aprendamos a ser creadores conscientes de nuestra vida, nos ayude a encontrar nuestro lugar en el mundo y a participar en él conscientemente, realizándonos como personas y seres espirituales que estamos llamados a ser (o que quizá ya somos, aunque aún no hayamos caído en la cuenta). Si se trata de una vía veraz y auténtica, nos  habrá de proporcionar este equilibrio tan anhelado, de poder vivir desde un centro de paz interno, hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos: “Incipit Vita Nuova”.
Tiempos convulsos. Ofertas a la carta, a precios muy competitivos, talleres de fin de semana en entornos “paradisiacos”, impactantes “experiencias psico-espirituales” de iluminación instantánea, a la medida de una demanda hambrienta de novedades, expectante: Neo-druidismo, neo-sufismo, neo-chamanismo, neo-templarismo, sincronización hemisférica, re-birthing de trapillo en SPA’s de lujo y demás zarandajas holotrópicas… Todo un mercado donde la agitación psíquica y la producción de “neurosis y traumas de laboratorio” se vende con el atractivo envoltorio de lo “espiritual” Desconfíe del brillo engañoso de los “agiornamientos”. Busque siempre lo Original, que no debe ser confundido con lo anacrónico, rechazando las imitaciones. Vía iniciática tradicional. Lo demás es otra cosa. Y no olvide el marchamo de calidad que garantiza la calidad del “producto”… una vez más, vale la pena insistir en ello y –regresando al corazón- tener la capacidad de re-cordarlo: “Incipit Vita Nuova”, “Incipit Vita Nuova”.



jueves, 7 de abril de 2011

Un salto hacia lo alto

Reúne todas tus fuerzas y
haz que -por un instante- resplandezca en todo tu cuerpo
este sentimiento: ¡Ahora, estoy despierto!
(Gustav Meyrink, El rostro verde)


Siempre resulta duro tomar -y no digamos llevarla a cabo- la decisión de volver a empezar. En ocasiones, damos muestras de lealtad, permaneciendo en el mismo lugar. Sin embargo, también hay ocasiones las que permanecer significa entonces retroceder, perderse, extraviarse, estancarse en una suerte de mecánico tedio espiritual, donde la presencia del Eterno brilla por su "ausencia". Igual que le ocurre a aquellos que, tratando de sortear el turbulento curso de la vida en la frágil canoa de la existencia, y sufriendo una fuerte corriente en contra, se acomodan y no hacen ni el más mínimo esfuerzo para avanzar en pos de la meta buscada: indefectiblemente serán arrastrados hacia allí donde no quieren.
A todos aquellos que descuidan el rumbo y bajan la guardia, les cabe la suerte de ser corrompidos, manipulados, cercenados, desecados de su entusiasmo e incluso llevados en contra de lo que fue su anhelo espiritual original. Y recalarán en puertos como los que aparecen en nuestras peores pesadillas, horizontes aciagos, ajenos, adversos, tan insoportables como sólo puede serlo el brutal alejamiento de Dios: destino obligado de cuantos pretenden permanecer inalterables en una situación en la cual es necesario remar, y hacerlo con vigor, para no extraviarse.
Lej lejá (Génesis 12:1 - 17:27): ¡Vete! Así de explícito fue el Eterno con el patriarca Abraham. Y así de explícito se muestra en ocasiones con nosotros, conminándonos a dar un vigoroso paso en el vacío hacia lo desconocido, desoyendo incluso las amenazas desalentadoras de cuantos fingen protegernos, un salto de crecimiento interior que nos impulse hacia lo Alto.
No parece un requerimiento sencillo. Casi medio siglo de peregrinación personal, de adquisiciones literarias, de encuentros y desencuentros le llevan a uno a acomodarse, a dormirse entre mandiles y laureles. Tener que abandonar el sosiego protector de una celda a cuyas estrecheces ya nos habíamos acostumbrado, no resulta nada fácil. Tener que despojarse –aunque sea por mandato celestial- de los réditos de todo ese confortable caudal, para llegar a adentrarse en el misterio de la intimidad con lo divino, verdaderamente asusta. También asusta tener que emprender de nuevo la aventura, cuando uno ya creía haber renunciado –a sus años- a seguir el rastro del Héroe. Por más que lo intentemos y se nos vaya la vida en ello, no podemos renunciar al que habrá de ser nuestro destino.
Sin embargo, resulta necesario atreverse a renunciar al cálido sopor del útero comunitario para retomar con valentía la senda espiritual abandonada en pos del simulacro, la de aquellos iniciados que –llegado el trance- no temieron mirar a los ojos de lo desconocido, sabedores de que todo les había sido concedido en el Principio. Abraham, Padre de los Creyentes, seguirá siendo referente privilegiado y modelo de vida para todo el que se sienta aprendiz de iniciado en las postrimerías. Hagamos nuestros su coraje y convicción. Guiado por una certeza a prueba de pruebas, el patriarca de Ur se atrevió a adentrarse en territorios desconocidos, a llegar allí donde nadie había llegado antes. Quebró sus lazos con las enseñanzas y doctrinas de las escuelas y religiones predominantes, se alzó en contra de la idolatría y de todas aquellas estafas que –vía marketing espiritual- se presentaban como atractivas verdades incuestionables. Tuvo el arrojo de dejarlo todo y partir a la conquista de una nueva identidad personal y grupal: morir, para renacer; morir, para renacer...
Hagamos nuestro su valioso ejemplo, tratando de seguirlo en la medida de nuestras posibilidades, acompañados de las enseñanzas de cuantos maestros justos le continuaron. El camino frente a nosotros se presentará mucho más terso. Nos resultará más fácil entonces plantarnos firmes contra la mentira, la corrupción y el despotismo de los que "soplan sobre los nudos" y, tomados de la mano de Dios, bajo su Luz Cierta, retomar la senda de los pocos sabios que en el mundo han sido.
Uno es el Maestro. Que Él perdone a todos aquellos que "no saben" lo que hacen y otorgue su justa recompensa a los que obran mal "a sabiendas". No hay otro mundo o poder que el de Él. Ciertamente, no me engañaron al enseñarme que Él prepara a los que ama y los acoge con palabras, actos, inteligencia, luz y verdadera dirección. Verdaderamente Él todo lo puede y responde a cada plegaria con la respuesta justa. No hay otro mundo o poder que el de Él. Que Su voluntad sea. Amén.
Quiero mostrar mi gratitud, una vez más, a cuantos fueron hábilmente utilizados por el Eterno para retribuirme, con cantos y llantos. Mi corazón continúa cantando y llorando al Viviente, al lado de otras tantas piedras que, albergando el anhelo en su corazón de ser útiles y dar digno cobijo a la divinidad, también fueron "rechazadas" en su día por los constructores. ¿Será posible, desde las ruinas, reconstruir siquiera un pequeño templo a Su gloria, con tan escasos y deficientes materiales? ¿Quién sabe? Ahora nos toca es responder a la llamada de saltar hacia lo alto. Solve y coagula, ciertamente es hora de volver –de nuevo- a empezar.


lunes, 4 de abril de 2011

Para llamar tu atención

“Enseñar no es una función vital,
dado que no tienen el fin en sí misma;
la función vital es aprender.” 
(Aristóteles)

“Cualquier “movimiento”
realizado en un contexto gobernado por la inercia,
participa de esa misma inercia.”
(Ibn Asad, La danza final de Kali)

Estar despierto lo es todo.
Estate despierto en todo lo que hagas.
No creas que ya lo estás.
(Gustav Meyrink, El Rostro Verde)





De un tiempo a esta parte me voy preguntando acerca de la utilidad de poner por escrito estas reflexiones y difundirlas en/a través de Internet. ¿Por qué lo hago? ¿Qué “saco” en limpio de todo ello, más allá de engordar un ya sobredimensionado Ego y explorar los límites inagotables de la vanagloria? No lo sé. Realmente no sé porqué lo hago. ¿No resulta una idiotez esto de estar dándole vueltas a unas cuestiones tan anacrónicas como especulativas, y –sobre todo- tan desconectadas de la realidad, en un momento en el que cada minuto debiera dedicarse a la acción?

Más allá de la ingenua declaración de principios que apareció expresada en nuestro primer “Comenzamos”, a uno le gustaría presumir de su pericia en la magia del Wu-wei, el arte de conseguir -con nuestros enmarañados análisis y farragosos escritos- actuar sin actuar, permaneciendo en aquella inacción que Borges equiparó a cordura. Intuyo que no me habré de librar de esa buena dosis de egocentrismo que se le supone a todo aspirante a escritor, la cual habrá de impregnar las entrañas ocultas en la formas del tosco material literario por él producido. Seguramente haya mucho de vanidad y afán de exhibicionismo en poner por escrito todas estas reflexiones. Seguramente.




Pese a mi manifiesta inexperiencia en estas “plataformas blogueras”, que en la actualidad y con tanta eficacia, hacen las veces de socorrido púlpito, recurro a ellas sin ser consciente de anhelar adulación por parte de los cuatro amigos que –a su pesar- constituyen mi obligada feligresía, ni de buscar el público -y tan merecido- reconocimiento de mi “inconmensurable sapiencia”. A fuer de ser sinceros, tampoco me siento –no soy consciente de sentirme- “elegido sin causa” ni una especie de Mesías enviado para arrancar la ceguera de los simples mortales: allá cada cual, con la suya. Pero de lo que si debo de ser consciente –a juzgar por alguna de las reacciones recibidas- es que puedo llegar a provocar tal impresión. ¡Y peores!

Al hilo de la presente confesión, y ombligos aparte, siempre me resulta delicioso recordar aquella historia traída de la sabia mano de Antony de Mello:
Aquellos discípulos tenían multitud de preguntas que hacer a su Maestro acerca de Dios.
Este les dijo: «Dios es el Desconocido y el Incognoscible. Cualquier afirmación acerca de Él, cualquier respuesta a vuestras preguntas, no será más que una distorsión de la Verdad».
Los discípulos quedaron perplejos: «Entonces, ¿por qué nos hablas sobre Él?».
Y respondió el Maestro «¿Por qué canta el pájaro?»

¿Por qué canta el pájaro? Buena pregunta. El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta simplemente porque tiene un canto que expresar.

Sin embargo ¿cuántas veces –como le ocurría al Hauberrisser de Meyrink- oímos esa voz que nos interpela a dejarlo ya? ¿Cuándo vamos a reconocernos incapaces de abandonar la idea obsesiva de “tener que buscar” –y pretender encontrar- ese “principio” que le falta al hombre? ¿En qué dichoso día nos dejaremos de tonterías y –aprovechando el misericordioso comienzo que nos regala la vida a cada instante- tendremos el valor de responder con seriedad a la cuestión “¿Quién soy yo?” y hacernos al fin a la mar, dejando morir cuantos pensamientos parásitos construyeron, hicieron nido y se refugiaron en el agrietado arrecife de nuestro cuerpo?




Bienaventurados aquellos que –como Goethe, Schopenhauer o Kant- velan, porque son plenamente conscientes de estar soñando, y nos llaman “al despertar” –en vano- a nosotros, a todos aquellos que “nos creemos” despiertos: los creadores de blogs, los hacendosos, los laboriosos, los incansables de este mundo, los roídos por la rabia de actuar. Somos como aquellos que el creador de "El Golem" imaginó cual feos escarabajos afanándose por escalar un tubo liso, escalando y volviendo a caer una vez llegamos arriba. Aquellos que imaginan estar despiertos, pero cuya realidad, en la que creen vivir –sombras de la caverna platónica- no es sino un sueño predeterminado hasta en el menor detalle y en la que la voluntad no tiene mayor influencia que la de cualquier vano afán. Aquellos, sin embargo, que como el cisne Kalahamsa, posean el discernimiento necesario y sean capaces de separar sueño y vigilia, hábilmente mezcladas en la turbia corriente de la existencia, tendrán su recompensa.




Mientras tanto, atardece. Deleitémonos, tras la plegaria, en la cautivadora danza de sombras irregulares que arroja el escaso fuego de la chimenea, dejando que sea el manto de la noche quien cubra el taller y se encargue de borrar los polvorientos alambiques y el atanor. A estas horas no es probable que nadie tenga intención de llamar a la puerta.

Otra vez será. Como no dudó en reconocer Claude Levi-Strauss, lo que verdaderamente importa es que el Espíritu, de cuando en cuando, y sin cuidarse lo más mínimo de la identidad de sus mensajeros ocasionales, va manifestando una estructura cada vez más inteligible a medida que siguen su curso doblemente reflexivo dos pensamientos que –por azar- se encuentran, se abrazan y actúan uno sobre otro, y de los cuales uno aquí y otro allá puede ser la mecha que o la chispa que, al unirse, causarán su iluminación común.




Independientemente de que mi pensamiento tenga la fortuna de entrecruzarse con el de otro ser humano –vencidas aquellas fuerzas de la disolución que tan insistentemente nos impelen a refugiarnos en la fortaleza de nuestra soledad, con tal de soportar el perseverante asedio del intercambio vano- al calor quizá de una segunda taza de té, el “Espíritu sopla por donde quiere”. Si así ocurre, ya no será necesario repartir la inefable experiencia que necesariamente habrá de brotar –tesoro inalienable e indiviso- del concurso amable entre dos o más almas reunidas en Su Nombre. En caso contrario, Dios sabe más.

Para poner fin a este “nuevo Golem” literario surgido –una vez más- para llamar tu atención, querido lector, termino abusando cómodamente de la genialidad de mi admirado Borges:

¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?