jueves, 21 de abril de 2011

Via Crucis

“Se me ha dado un corazón capaz de acoger todas las formas:
Es prado para las gacelas, monasterio para los monjes
 altar para los ídolos, piedra negra para los peregrinos,
 Tablas de la Ley y Libro del Corán.
Vivo en la certeza del Amor y en Él me refugio,
iré allí adonde me arrastre su cabalgadura”.
(Ibn Arabí, Engarces de Sabiduría) 

“Toma nota; y lo mismo que las digo,
lleva así mis palabras a quien vive el vivir
que es carrera hacia la muerte.”
(Durante Alighieri, Purgatorio, XXXIII, vv. 52-54)

“Sólo cuando cesa el agitado vaivén de las olas,
el océano ilimitado desvela su serenidad eterna.”
(Farid Al-din Attar, Parlamento de los pájaros)


Como bien descubrió Emmanuel Swedenborg en sus distintas conversaciones por las calles de Londres, todo aquel camino iniciático que se precie recorre siempre un itinerario prefijado que va desde el infierno, pasando por el purgatorio, hacia el cielo. Los antecedentes literarios de este esquema son tan notables como numerosos: la “Narración” (Arda Viraf Namak) del persa Arda Viraf,  el “Viaje nocturno” de Muhammad (Qorân XVII, Al-Isra’), la “Epístola del perdón” (Risalatu Al-Gufrán) del sirio Abu-Al-Alá Al-Maári, las “Aperturas a la Meca (Futuhát Al-Makkíah) del murciano Ibn Arabí, el “Libro de la escalera” (Liber Scala Mahometi) de Buenaventura de Siena, amigo de Brunetto Latini, y sin olvidar, por supuesto, el poema universal, nuestra “Divina Comedia”, compuesta en tres cantos por la sabia mano del querido y admirado maestro florentino Durante Alighieri, a quien tantas veces recurrimos y extorsionamos, haciéndole decir lo que nos parece.
Quien considere estas obras como simples fantasías literarias, en realidad no las comprende del todo. Así mismo, quien las vea como una mera construcción conceptual, envuelta en un ropaje poético, no les hace ninguna justicia. Tal es la perspectiva relativista que domina en las ciencias modernas, fundadas en una lógica de orden racionalista.

Su factura sin embargo no es tan solo el mero producto de una fecunda imaginación espuria, ni tienen por fin, únicamente, el llegar a cautivarnos y embriagarnos, provocando una suerte de adictivo goce estético. Estas obras albergan y custodian en su esencia un carácter netamente doctrinal, incluyendo en su seno –y casi siempre entre líneas y símbolos cifrados- un conjunto de saberes y elementos técnicos tradicionales que la comunidad -para la cual están destinados- debe conservar, rescatar y sentir (saborear) en su plena intimidad.



Los escritores que dejaron constancia que lo que, hasta su fijación escrita, había sido narraciones sagradas, recibidos y transmitidos de forma oral, no buscaban la meta de alcanzar la simetría o belleza formal, sino ante todo y en primer término, perseguían acercarse en lo posible a la Verdad, de la cuál justamente habría de derivarse la armonía de todos sus relatos y escritos. Bajo esta perspectiva, podemos considerar que una obra es verdadera –esto es, está inspirada- en cuanto pretende un acercamiento sincero a la suprema Realidad y no a los meros accidentes –panta rei- de lo que no es sino apariencia. Hablamos, en este caso, de una lógica intelectual, cuyo conocimiento sería desvelado por el centro espiritual en el corazón de quién actúa como –hace las funciones de- escritor, esto es, fijador de la Tradición Primordial.
Común denominador de las obras mencionadas es la presencia de uno o más maestros que acompañan al narrador a lo largo de las etapas de su periplo iniciático de contemplación y conocimiento, actuando como verdaderos guías cualificados, debido a su pleno conocimiento de los pormenores del ascenso a través del itinerario espiritual.
Todo viaje iniciático comienzan en las tinieblas: Muhammad lo inicia en el medio de la noche, Dante en el medio de una selva oscura.
Infierno. La región de los que creen estar vivos. Estación infernal que transcurre en lugar coronado por el más absoluto caos, donde la materia se descubre dura y terrosa, donde la oscura negrura de las sombras y la muerte dominan. Aquí Saturno es el astro rector. La acción es descontrolada y poco fluida, dado el predominio de la materia densa, poco espiritualizada. De allí que "el fondo del Infierno es la zona más pétrea y helada de la "tierra"; y esta "petrificación" del espíritu en sentido negativo (de alejamiento progresivo del dinamismo espiritual), es operado por la pasión de la soberbia...".



Vía Purgativa. La región de los que saben, aunque no siempre les guste reconocerlo, que están muertos. En los distintos Juicios Finales elucubrados por la escatología cristiana nada hay de puntos intermedios, nada se dice de un estado de transición y de espera en los que el alma se purifica. En la Alquimia es la etapa o lugar de las abluciones, de los lavados, las continuas purificaciones de la materia prima, la que deviene en mercurio segundo.
Como en el Hamistagan zoroastriano, el tiempo se encuentra detenido, "eternamente estacionario". La acción y la contemplación están en extraño equilibrio; por lo que no hay avance ni retroceso espiritual. Allí se hallan quienes en vida lograron perfecta igualdad de acciones positivas y negativas. El Corán (VII, 44, 46) describe esta estación como al-A’raf, la mansión o lugar que separa a los bienaventurados de los réprobos, donde los espíritus que allí recaban padecen sujetos a un suplicio psíquico, sin sufrimiento sensible, producido por el deseo eternamente insaciable de ver a Dios. Privados del premio del paraíso y exentos del castigo físico del infierno, puede decirse que están suspensos, como colgados o pendientes, entre el cielo y el infierno. No sufren pena ni castigo, pero les es negada la visión de la divinidad.
Vía Iluminativa. Aquel que los alquimistas o filósofos por el fuego llaman nuestro rey ha sido coronado. La inmortalidad y la bienaventuranza son conocidas. La tríada zoroástrica (buenos pensamientos - buenas palabras - buenas obras) se cumple perfectamente. El suave descenso de la shekinah inunda el corazón, lo cubre de certeza, y el iniciado se abandona a la contemplación, la cual se expresa en alabanzas y en un estado de perpetua paz, sosiego, quietud y tranquilidad que sólo en el cielo hallamos. En la “Divina Comedia”, Dante siente que se eleva hacia un continuo crescendo de resplandor y de luz, que muchas veces lo deslumbra y enceguece.
Vía Unitiva. Shalom, Cristo crucificado. Tú que igual nos creaste desde la fuerza de tu espíritu, también nos rescatas de la realidad impermanente del este mundo desde la más absoluta de las indefensiones, transmuta ahora este dolor y esta muerte en liberación, desgarra de una vez por todas esta prisión de espacio y tiempo,.
Príncipe de la vida (Hch 3, 15), tú que guardas la llave del Hades (Ap 1, 18)  y descendiste al Sheol para rescatar a aquellos iniciados que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras, y que por temor a la muerte estaban “muertos”, sometidos de por vida a la esclavitud (Hb 2, 14-15), consiente que al volver a oír tu voz en su corazón marchito y recordar tu nombre (Flp 2, 10), por su poder regresen de nuevo a la “vida verdadera”, ya liberados.
El velo del Sancta Santorum ha sido desgarrado. Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. La tierra temerosa no se atreve a moverse: “Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto".

Via crucis necesario. Habremos de terminar dando la razón al toscano Buenaventura de Siena, quien en su Liber Scalae Mahometi nos recuerda sabiamente que: “A partir del conocimiento de las tinieblas, la luz resulta más grata y la naturaleza de los adversarios más evidente”.  


“Sólo de oídas te conocía;
mas ahora te han visto mis ojos”
(Job 42, 5)


martes, 19 de abril de 2011

Sursum Corda

“Los Buscadores de la Verdad,
dándose cuenta de que era imposible encontrarla,
se convirtieron en Buscadores de la Mentira.
A medida que la descubrían y la eliminaban,
se iban esfumando.
Al desaparecer ellos, brilló la verdad”
(A.  Jodorowsky, Cuentos mágicos)

 Amor, que de un corazón gentil presto se adueña.
Amor, que amar a amado alguno no perdona,
me prendó del placer de este tan fuertemente
que, como ves, no me abandona.
(Durante Alighieri, Infierno, vv. 103-105)


Para la Tradición Judía, la fiesta de la Pascua representa la conmemoración un acontecimiento liberador, testimonio de un deseo –todavía vigente- de esperanza y anticipo de una Liberación que todos los seres humanos anhelamos definitiva. La vía iniciática puede ser dibujada como una senda ascendente guiada por un anhelo, un camino de peregrinación hacia lo más Alto, cumbre en la que se espera alcanzar también una Liberación, a través del establecimiento de una Comunión real con el Dios Vivo. Una meta así, ¿puede llegar a estar a nuestro  alcance? ¡Pues claro que no!
Ícaros de las postrimerías, –sin ser del todo conscientes- al Dédalo de la ciencia y la tecnología reclamamos unas “alas mágicas” con las que emprender el vuelo definitivo hacia el Olimpo, aquel que nos permita elevarnos -de una vez por todas- a las satvicas alturas del Ser, para conseguir llegar a ser plenamente independientes, totalmente libres, alcanzando así la misma cualidad divina.
Sin embargo, la persuasiva fuerza de gravedad tamásica se muestra en muchas ocasiones brutalmente poderosa y contrarresta el impulso de nuestro anhelo de elevación con eficacia, apegándonos a lo material.


Nuestra condición humana nos sitúa punto de intersección entre dos campos de fuerza. Ante todo, está la fuerza que nos atrae hacia abajo – hacía el egoísmo, hacia la mentira y hacia el mal; la gravedad que nos abaja y nos aleja de las posibilidades de Liberación. Por otro lado, está la fuerza de la llamada a regresar al Amor, aquel a través del que amamos cuando somos amados.
Mache dich, mein Herze, rein,
Ich will Jesum selbst begraben.
Denn er soll nunmehr in mir
Für und für
Seine süße Ruhe haben.
Welt, geh aus, laß Jesum ein!
(J.S. Bach, Pasión S. Mateo)
Re-cordar la Pascua, el paso liberador, volver a ponerla en nuestro corazón. La Tradición primordial atribuye importantes funciones a la víscera cardiaca, nudo y centro sanguíneo en el que –de un modo misterioso- confluyen el intelecto, la voluntad y los afectos, lo corpóreo y lo espiritual, propiciando la amorosa experiencia de sentir la presencia de lo divino en nosotros, verdadera fusión alquímica que crea la aleación entre lo inmanente y lo trascendente, y una belleza que -al no dejar rastros- de un modo irremediable nos transforma. Hay quien sabe, por haber encontrado su corazón, que Amar a Dios es conocerLe.
Sursum corda: nuestro corazón debe “ser elevado”. Tarea fuera del alcance de nuestra condición cautiva, prisioneros del devenir, sumidos como estamos en la extrema bajeza de la existencia humana. Sin duda, una mirada limpia (“Bienaventurados los limpios de corazón…”) que sea capaz de atravesar la actual coraza de soberbia nuestra especie, habrá de descubrirnos demasiado débiles como para elevar nuestro corazón a semejantes alturas. De hecho, la misma arrogancia de querer hacerlo solos nos incapacita a tal fin.
¿Cómo encontrar los medios para realizar una tarea imposible? ¿Qué sentido tiene tratar de intentar cualquier clase de esfuerzo que busque transmutar el plomo que nos abaja en un “azufre rojo”, capaz de elevarnos a las alturas de nuestro verdadero ser?


Para el que ha sido interpelado por su Amor, no parece una obsesión tan enfermiza y sensiblera la de lograr arrepentirse y anhelar tener la oportunidad de presentarse de nuevo con unas manos inocentes, estrenar un corazón remendado que se aún sueña puro y conseguir rechazar para siempre la mentira que somos, en pos de una Verdad más grande, con tal de llegar a contemplar Su rostro, dejando que el Amado nos bese “con los besos de Su boca” (Cantar de los Cantares 1, 2).
Anhelo eficaz, únicamente, en la medida que reconozcamos con humildad que ha de ser el Amado quién, cual sutil GPS, nos indique el camino más adecuado, quien nos brinde las fuerzas para perseverar en la ruta, quien nos eleve a los umbrales de sus aposentos y, si es su deseo, nos abra finalmente la puerta de la alcoba. Como mucho, nos cabe la apuesta de confiarnos a la verdad de su Amor. Que no es poco.

La conmemoración de la Pascua judía y cristiana, es un buen momento para recordarlo. “Ecce Deus fortior me, veniens dominabitur mihi”. Aviso para navegantes: La Liberación de la esclavitud no es un juego. Una vez dentro, atravesado el Mar Rojo, tu corazón será puesto a prueba, y existe la posibilidad de que lo pierdas todo. “Dio mio, Dio mio, perche mi ai abandonatto”.

Sólo ahora al fin entiendo, embriagado por el mosto de la granada, que los que aparentaban ser mi deseo y mi querer de entonces, en realidad, eran movidos por aquel que mueve el sol y las estrellas:

La gloria de aquel que todo mueve
penetra por todo universo, y resplandece
en unas partes más y en otras menos.
En el cielo que más de su luz prende
fui yo, y vi cosas que redecir
no sabe ni puede el que de allí desciende;
porque acercándose a su deseo,
nuestro intelecto se ahonda tanto,
que tras él la memoria ir no puede.
(Durante Alighieri, Paraíso I)

No puede. No puede.



domingo, 17 de abril de 2011

Completas

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido
una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído
para que escuche, como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído;
y yo no me he echado atrás ni me he rebelado.
(Isaías 50, 4-5)

"Más allá de la esfera que más veloz gira,
 pasa el suspiro que de mi corazón sale:
 inteligencia nueva,
que Amor llorando infunde en el corazón,
 y hacia arriba lo tira".
(Durante, Vita Nuova)

Lo oculto (la latencia) es el presente demostrable del futuro.
La transparencia (lo diáfano)
es la forma fenoménica (epifanía) de lo espiritual.
(Jean Gebser, Origen y Presente)



Imploro el cálido abrazo de Mnemósine, en esta hora tan dulce en la que el resplandor del día abandona y se retira, dejando paso a la caricia de la noche: ”Te luces ante terminum”. Hora en la que los amigos amados ya se han ido y regresando la nostalgia al corazón de aquel que busca, lo derrite. El alma enamorada se acongoja al escuchar en la distancia el tañer de la campana vespertina, llorando por otro día que  -cumpliendo su destino- muere: “l'ora che volge il disio ai navicanti e 'ntenerisce il core” (Purgatorio XVIII, 1-6).
Recordar una vez más el rostro bien amado de Beatrice Portinari, descendiendo de las nubes, tratando de digerir –sin llegar aún a conseguirlo del todo- que yo también me había cansado en vano y había gastado mis fuerzas para nada. Asumir que es necesario mirar hacia delante, ahora que ya no queda nada  a lo que volver.
¿Qué hacer ahora con los dones recibidos?  ¿De dónde sacar las fuerzas, para mantenernos fieles a la misión recibida, para sostener con firmeza aquel juramento que hicimos de servir Su Voluntad con una entrega radical y amorosa, ahora que las cosas se ponen cuesta arriba? ¿Cómo no desmoronarse ante el celo de las cuchilladas del arrepentimiento, aliviar el profundo sufrimiento de descubrirse en la prueba abandonado y solo? ¿Cómo es posible encontrar un modo de remontar este voraz sentimiento de fracaso, y poder seguir llevando Palabra de aliento al abatido,  cuando soy ahora yo quien, fatigado del camino, se encuentra indeciso y desanimado?
Si viene, conviene. No hay razón alguna para rebelarse y echarse atrás. No fuimos iniciados para dar satisfacción a nuestro gusto ni para que se cumplieran ninguno de nuestros deseos. No permanecemos en esta Vía para escuchar el permanente cacareo egoico de nuestra voz, sino para servir, haciendo nuestra, la Voluntad de la Suya. Por Él, con Él y en Él depositamos aún nuestra maltrecha confianza.
En aquel sueño, alegre me parecía Amor, teniendo
                mi corazón en la mano, y en sus brazos una
                dama, envuelta en un lienzo, dormida;
                Después la despertaba, y de este corazón ardiendo
                ella espantada humildemente comía,
                y después irse la ví llorando. (Durante, Vita Nuova, III)
Sin darnos cuenta, tras la Epifanía, se tejió y destejió el tapiz que habría de marcar -para el dañado navío- el compromiso con un nuevo rumbo, que por forzoso no habría de resultar menos extraño. La Candelaria saludó generosa nuestro corazón, recién remendado, que aún creía seguir yendo en pos de Ítaca. La sonrisa amable y seductora del Carnaval que animó nuestra convalecencia, trocose en mueca y sutil espejismo, cuando la Cuaresma reveló el verdadero rostro desconocido, que aguardaba oculto tras la máscara: “La letizia si convertia in amarissimo pianto”. Domingo de Ramos: cúmplase la Pasión.
                          Ahora estás en paz, corazón mío.
                       Ahora estás en paz.
                       Míralo así, corazón mío:
                       “Vide, Cor Meum”.





viernes, 15 de abril de 2011

¡Comenzó la Vida Nueva!

“Tutti i miei pensier parlan d’Amore”
Durante Alighieri, Vita Nuova




La constatación de que la práctica espiritual (y la variedad de técnicas a ella asociadas) haya sido utilizada, desde los orígenes de la civilización y por los distintos grupos de poder, como una herramienta privilegiada de manipulación social e individual, cuyo “uso perverso” se cristaliza, adoptando la forma de religión institucionalizada (reforzadora de un establishment piramidal) en los distintos contextos geográficos y culturales, no justifica en modo alguno su absoluto rechazo, dado que caben en ella algunos usos más loables, como el de proporcionar a todos aquellos individuos psicológicamente “sanos” la experiencia de conexión con un Principio trascendente. Cuando es puntual, dicha experiencia resulta sumamente perturbadora, llegando a cuestionar aquella realidad-túnel (todas aquellas ideas y creencias que dan forma a nuestra particular visión del mundo) en la que el individuo había organizado los hitos más significativos, acumulados a lo largo de su periplo vital. Cuando dicha experiencia se consolida y se integra en el individuo de forma estable, puede decirse que éste (en él se) ha re-estructurado el modelo previo de realidad construida (o realidad-tunel), habiendo adquirido de forma gradual, distintos niveles de consciencia “expandida”, esto es, cuantitativa (más) y cualitativamente diferentes (trans-formadora, an-egoica…) de aquel del “estado ordinario” del que previamente partió.

La constatación de que la práctica terapéutica y socio-educativa, haya servido para crear sujetos dóciles y alienados, esto es, que compartan modelos de realidad que los hagan comportarse de manera previsible y acorde a los intereses de quienes ejercen el poder, no justifica en modo alguno su absoluto rechazo, ya que caben en ellas un empleo algo menos manipulativo, como el de favorecer el desarrollo integral de aquellas capacidades que mejor contribuyen a la creación de personas autónomas, capaces de pensar y actuar sin miedo, con libertad y responsabilidad, haciendo posible la convivencia sostenible entre los miembros de la especie y en equilibrio con el resto del ecosistema: individuos psicológicamente sanos.

Nadie debiera embarcarse en el desarrollo experiencial de una práctica espiritual, del tipo que sea, sin antes haber confrontado el “correcto estado” de su salud mental, esto es, tras haber resuelto (trabajado en sí) las distintas y complejas formas de neurosis que adopta el miedo en la sociedad actual. Cuántos problemas se evitarían, si ámbitos como el psicológico y el espiritual no estuviesen (¿intencionadamente?) confundidos.

Resulta imposible “entrar”, adentrarse verdaderamente en el ámbito de lo espiritual sin haber resuelto antes todas nuestras carencias emocionales. Cualquier ilusión de progreso espiritual realizado a instancias de un psiquismo enfermo (carencial) no tiene sino un valor compensatorio, propio de las distintas variantes que en el mundo no fueron, ni son y ni serán otra cosa que una forma, más o menos intelectualizada o agiornizada al taller new-age de moda, de masturbación mental. No hay psiquismo más alienado que aquel que compensa sus carencias sintiéndose “liberado” o “realizado”.



Esta “confusión” entre lo psíquico y lo espiritual, tan fácilmente realizable en el ámbito de lo etéreo, es la herramienta favorita de todo “INteresado/a Farsante Aparentando-ser Maestro/a Espiritual” (en adelante INFAME), que sin embargo –hay que reconocerlo- son unos verdaderos y consumados “Expertos” en el finísimo Arte del lavado de cerebros, el control mental y la manipulación sectaria (perversa) del anhelo espiritual de los abundantes ingenuos e incautos, incapaces de atisbar un anzuelo en el que las promesas de cielo acaban convertidas en el peor de los infiernos. Una de las formas más sofisticadas de la vocación de INFAME es aquella que se disfraza de “escepticismo radical”, tratando de instaurar en las mentes de sus devotos discípulos la creencia (nacida más de un pertinaz desembocar en las ciénagas del desengaño que del verdadero conocimiento) de que no existe nada que pueda ser llamado “desarrollo o crecimiento espiritual”, acompasado por el seductor (que no falso) sonido de los tambores del “pensamiento crítico” y entonando compulsivamente el mantra “ciencia ciencia ciencia, objetividad objetividad objetividad).

¿De verdad, alguien piensa todavía que la razón no puede llegar ser utilizada para manipular a las masas y “esconder” la verdad con fines particulares, persiguiendo desde los intereses más espurios a aquellos oscuros y perversos? ¿Acaso no se ha estado haciendo esto desde los albores de la humanidad? La eficacia de todo buen manipulador suele ir aparejada de un elevado nivel de capacidad racional y de una nada desdeñable destreza para “confundir” y “desvirtuar” los conceptos, pervertir el lenguaje y prostituir la poderosa magia de las palabras.

¿O acaso no es magia eso de conseguir identificar y confundir en el psiquismo colectivo términos tales como “conocimiento” con “información”, “iniciático” con “exótico”, “tantra” con “coito”, “espiritualidad” con “irracionalidad”, “tradición” con “revivalismo reaccionario” o, por no aburrir con más ejemplos, “laicidad” con “profanación”.


Peor suerte cabe a aquellos que en su día buscadores sinceros que, habiendo alcanzado niveles de desarrollo espiritual suficientes para ser reconocidos como maestros en la vía, se quedan atascados y acaban perdiendo su conexión con el guía interior (en adelante BLUF), deambulando hasta el fin de sus días por los límites de un Templo que ya no significa nada. Los BLUF, atrapados para siempre en el infierno de lo psíquico, pierden su habilidad para adentrarse en el ámbito de lo espiritual, retorciendo su inflado Ego hasta la extenuación, incapaces de evitar que la arrogancia y soberbia a que hacen gala por la vana acumulación de saberes, devore las partes más puras de lo que un día estuvieron llamados a ser.

Maestros del sarcasmo, la sombra de los BLUF se manifiesta como su aspecto psicológico más descontrolado, llenos de ira, desespero, apego al pasado. Acuciados por un intenso dolor y por un miedo angustioso que no se desvanece, focalizan su esfuerzo en la adquisición de poderes psíquicos que garantice mayores y mayores cuotas de poder. Poder que los BLUF no tienen, sino que más bien les ciega y les tiene ellos, y no les evita que, atrapados en el tortuoso y deslumbrante laberinto del éxito –iniciático o profano-, acaben consumidos por su propio Ego, perdiendo la última batalla para lograr su Liberación o Iluminación.

Una particular variante de los BLUF son los “pavos reales”, apelativo que se aplica a aquellos iniciados que han permitido que el Ego le consuma desde el principio del camino, sin lograr ningún avance real dentro de su sendero iniciático, no haber llegado a abandonar el territorio profano, cree a pies juntillas en la voz de su Ego y, llenos de un orgullo que les domina consideran que, toda vez que “ya han llegado a Keter”, su conciencia ha despertado y –al fin- se han liberado. Al “pavo real” le encontramos enfermo crónico de “magucitis”, parloteando sobre un sinfín de técnicas mágicas y habilidades que dice poseer, pero que nunca demuestra, debido a que sencillamente no las ha desarrollado. Aún así, asegura que las posee pero afirma que no las pone en circulación uno porque “una entidad superior” se lo ha prohibido o bajo cualquier otras absurda excusa.
También podemos toparnos con algún “arconte”, forma de BLUF que se haya un poco más avanzado que el “pavo real”. El “arconte” ha desarrollado algunas habilidades reales, frecuentemente relacionadas con los ámbitos del poder, la manipulación social o la extorsión mágica. Disfrazado entre los demás iniciados con el disfraz de “protector”, se trata en realidad de un “obstructor”, que no permite que otros árboles de prometedor desarrollo crezcan a su sombra. Invadido por la envidia y la soberbia, trata de impedir el crecimiento de otros, pues no logran tolerar que los aprendices les superen, para lo que se emplearán a fondo utilizando todo tipo de artimañas y ardides, todo tipo de calumnias o mentiras con tal de destruir su proceso y proteger su ilusorio logro.

Como el “perro del hortelano”, oculta a los demás las posibilidades de adquirir un conocimiento real, pues no desea que nadie avance más que el. Conforme con las “migajas” de la vía iniciática, llega un punto en la carrera del Arconte en que este no avanza más, pues cree que este trofeo le será suficiente para aguantar y sobrevivir.
Con el tiempo, el “arconte” es invadido por la pereza y deja su camino a medias. Muchos “arcontes” presentan también cierto grado de paranoia mágica, pero no en un sentido de ataques mágicos o algo similar, sino más bien enfocados en creer que el resto del mundo desea quitarles ”su tesoro” de logros con tanto esfuerzo obtenidos.

El más avanzado y valedero de los BLUF recibe el apodo de “dragón negro”. Aquel que un día fuera iniciado equilibrado y en alianza con su divinidad interna, fue incapaz de atravesar el abismo, paso obligado para los que aspiran a ser verdaderos iniciados. Al contrario de los demás BLUF, el “dragón negro” no se conforma con migajas ni se afana en la tarea de obstaculizar el camino de otros. Su objetivo prioritario es arrimarse a cualquier fuente de poder que pueda considerar importante, sea política, social o mágica y, sin perder el tiempo en intrigas sociales o alardeando, tratará de hacerse con la misma. Implacables con aquellos que se interpongan entre ellos y sus objetivos, los “dragones negros” no dudarán en desembarazarse de cuantos hermanos consideren un obstáculo, buscando la forma de eliminarles o sacarles inmediatamente fuera del camino.
La mayor parte de los BLUF presenta fuertes y frecuentes desbalances psicofísicos, una sintomatología típicamente esquizoide que adopta la forma de delirio de persecución, crisis de angustia, descontroladas reacciones de miedo extremo, ataque irracionales de ira. Una vez que la sombra toma el control de un BLUF, sólo el auxilio providencial del guía interior, o la oportunidad de una nueva vida, otorgará la proeza de lograr salir del abismo. Nadie dijo que la vía iniciática no fuera arriesgada.

Falsos maestros. Maestros malogrados, ya se trate de “pavos reales”, “arcontes” o “dragones negros”. En la búsqueda iniciática será inevitable coincidir con todo tipo de BLUF’s e INFAME’s. La permanente constatación de no haber encontrado, a lo largo de nuestra vida,  sino alijos –más o menos elaborados- de “oro falsificado” no debe llevarnos a colegir la inexistencia del “oro verdadero”, tan difícil de encontrar por tratarse de un bien tan codiciado como escaso. Pero ¿quién posee la llave que la “verdadera Verdad”? A fuer de no engañarnos, una vez más, habremos de reconocer que –en realidad- nadie. Pero esa constatación no debe desanimarnos.

Todas aquellas comunidades iniciáticas tradicionales, o lo que es lo mismo, serias, que hayan logrado evitar la inercia de convertirse en estructuras rígidas y totalitarias a que están abocadas todas las formas de organización humana, disponen del “entramado técnico” necesario y serán capaces de proporcionar el contexto apropiado para enriquecer la vida interior del buscador o buscadora sinceros, y de satisfacer, al mismo tiempo, su aspiración universal a lo Absoluto. Quien se acerque a ellas y realice una ejercitación perseverante, llegará a asumir un estilo de vida interior en el que se hayan implicados ciertos rituales y técnicas psicofísicas, individuales en unos casos, colectivas en otros, para que cuerpo y alma encarnen las verdades espirituales. Este objetivo no implica, en modo alguno, renunciar a las actividades propias de la vida exterior. El desapego interior, tal y como recoge el lema cisterciense “Ora et Labora”, puede combinarse a las mil maravillas con una intensa actividad mundana.

Podemos estar seguros de que estamos en una vía iniciática confiable siempre que su incursión en ella resulte tan “liberador”que tengamos la impresión de comenzar una vida nueva, esto es, nos permita llevar las riendas de nuestro mundo, en armonía y para el bien de todos. Que aprendamos a ser creadores conscientes de nuestra vida, nos ayude a encontrar nuestro lugar en el mundo y a participar en él conscientemente, realizándonos como personas y seres espirituales que estamos llamados a ser (o que quizá ya somos, aunque aún no hayamos caído en la cuenta). Si se trata de una vía veraz y auténtica, nos  habrá de proporcionar este equilibrio tan anhelado, de poder vivir desde un centro de paz interno, hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos: “Incipit Vita Nuova”.
Tiempos convulsos. Ofertas a la carta, a precios muy competitivos, talleres de fin de semana en entornos “paradisiacos”, impactantes “experiencias psico-espirituales” de iluminación instantánea, a la medida de una demanda hambrienta de novedades, expectante: Neo-druidismo, neo-sufismo, neo-chamanismo, neo-templarismo, sincronización hemisférica, re-birthing de trapillo en SPA’s de lujo y demás zarandajas holotrópicas… Todo un mercado donde la agitación psíquica y la producción de “neurosis y traumas de laboratorio” se vende con el atractivo envoltorio de lo “espiritual” Desconfíe del brillo engañoso de los “agiornamientos”. Busque siempre lo Original, que no debe ser confundido con lo anacrónico, rechazando las imitaciones. Vía iniciática tradicional. Lo demás es otra cosa. Y no olvide el marchamo de calidad que garantiza la calidad del “producto”… una vez más, vale la pena insistir en ello y –regresando al corazón- tener la capacidad de re-cordarlo: “Incipit Vita Nuova”, “Incipit Vita Nuova”.



jueves, 7 de abril de 2011

Un salto hacia lo alto

Reúne todas tus fuerzas y
haz que -por un instante- resplandezca en todo tu cuerpo
este sentimiento: ¡Ahora, estoy despierto!
(Gustav Meyrink, El rostro verde)


Siempre resulta duro tomar -y no digamos llevarla a cabo- la decisión de volver a empezar. En ocasiones, damos muestras de lealtad, permaneciendo en el mismo lugar. Sin embargo, también hay ocasiones las que permanecer significa entonces retroceder, perderse, extraviarse, estancarse en una suerte de mecánico tedio espiritual, donde la presencia del Eterno brilla por su "ausencia". Igual que le ocurre a aquellos que, tratando de sortear el turbulento curso de la vida en la frágil canoa de la existencia, y sufriendo una fuerte corriente en contra, se acomodan y no hacen ni el más mínimo esfuerzo para avanzar en pos de la meta buscada: indefectiblemente serán arrastrados hacia allí donde no quieren.
A todos aquellos que descuidan el rumbo y bajan la guardia, les cabe la suerte de ser corrompidos, manipulados, cercenados, desecados de su entusiasmo e incluso llevados en contra de lo que fue su anhelo espiritual original. Y recalarán en puertos como los que aparecen en nuestras peores pesadillas, horizontes aciagos, ajenos, adversos, tan insoportables como sólo puede serlo el brutal alejamiento de Dios: destino obligado de cuantos pretenden permanecer inalterables en una situación en la cual es necesario remar, y hacerlo con vigor, para no extraviarse.
Lej lejá (Génesis 12:1 - 17:27): ¡Vete! Así de explícito fue el Eterno con el patriarca Abraham. Y así de explícito se muestra en ocasiones con nosotros, conminándonos a dar un vigoroso paso en el vacío hacia lo desconocido, desoyendo incluso las amenazas desalentadoras de cuantos fingen protegernos, un salto de crecimiento interior que nos impulse hacia lo Alto.
No parece un requerimiento sencillo. Casi medio siglo de peregrinación personal, de adquisiciones literarias, de encuentros y desencuentros le llevan a uno a acomodarse, a dormirse entre mandiles y laureles. Tener que abandonar el sosiego protector de una celda a cuyas estrecheces ya nos habíamos acostumbrado, no resulta nada fácil. Tener que despojarse –aunque sea por mandato celestial- de los réditos de todo ese confortable caudal, para llegar a adentrarse en el misterio de la intimidad con lo divino, verdaderamente asusta. También asusta tener que emprender de nuevo la aventura, cuando uno ya creía haber renunciado –a sus años- a seguir el rastro del Héroe. Por más que lo intentemos y se nos vaya la vida en ello, no podemos renunciar al que habrá de ser nuestro destino.
Sin embargo, resulta necesario atreverse a renunciar al cálido sopor del útero comunitario para retomar con valentía la senda espiritual abandonada en pos del simulacro, la de aquellos iniciados que –llegado el trance- no temieron mirar a los ojos de lo desconocido, sabedores de que todo les había sido concedido en el Principio. Abraham, Padre de los Creyentes, seguirá siendo referente privilegiado y modelo de vida para todo el que se sienta aprendiz de iniciado en las postrimerías. Hagamos nuestros su coraje y convicción. Guiado por una certeza a prueba de pruebas, el patriarca de Ur se atrevió a adentrarse en territorios desconocidos, a llegar allí donde nadie había llegado antes. Quebró sus lazos con las enseñanzas y doctrinas de las escuelas y religiones predominantes, se alzó en contra de la idolatría y de todas aquellas estafas que –vía marketing espiritual- se presentaban como atractivas verdades incuestionables. Tuvo el arrojo de dejarlo todo y partir a la conquista de una nueva identidad personal y grupal: morir, para renacer; morir, para renacer...
Hagamos nuestro su valioso ejemplo, tratando de seguirlo en la medida de nuestras posibilidades, acompañados de las enseñanzas de cuantos maestros justos le continuaron. El camino frente a nosotros se presentará mucho más terso. Nos resultará más fácil entonces plantarnos firmes contra la mentira, la corrupción y el despotismo de los que "soplan sobre los nudos" y, tomados de la mano de Dios, bajo su Luz Cierta, retomar la senda de los pocos sabios que en el mundo han sido.
Uno es el Maestro. Que Él perdone a todos aquellos que "no saben" lo que hacen y otorgue su justa recompensa a los que obran mal "a sabiendas". No hay otro mundo o poder que el de Él. Ciertamente, no me engañaron al enseñarme que Él prepara a los que ama y los acoge con palabras, actos, inteligencia, luz y verdadera dirección. Verdaderamente Él todo lo puede y responde a cada plegaria con la respuesta justa. No hay otro mundo o poder que el de Él. Que Su voluntad sea. Amén.
Quiero mostrar mi gratitud, una vez más, a cuantos fueron hábilmente utilizados por el Eterno para retribuirme, con cantos y llantos. Mi corazón continúa cantando y llorando al Viviente, al lado de otras tantas piedras que, albergando el anhelo en su corazón de ser útiles y dar digno cobijo a la divinidad, también fueron "rechazadas" en su día por los constructores. ¿Será posible, desde las ruinas, reconstruir siquiera un pequeño templo a Su gloria, con tan escasos y deficientes materiales? ¿Quién sabe? Ahora nos toca es responder a la llamada de saltar hacia lo alto. Solve y coagula, ciertamente es hora de volver –de nuevo- a empezar.